Especialidades Médicas- Miscelanea


Las últimas novedades: bifidobacterias, lactobacilos, barritas energéticas...
Autor: Dr. Salvador Giménez - Revisado: 14 de noviembre 2012
Estos productos han llegado al mercado hace poco. Contienen bacterias exóticas, energías mágicas... Los transgénicos han despuntado rodeados de polémica mediática. Lo más importante es recordar siempre que no hay milagros.

Bifidobacterias y lactobacilos

Los lactobacilos y las bifidobacterias son el último grito de la industria yogurtera. Son algunas de las 500 especies distintas de bacterias que pueblan el intestino humano.

Al igual que todas las bacterias utilizadas para fabricar yogures normales y quesos, los lactobacilos y las bifidobacterias cumplen funciones nutritivas importantes. Los lactobacilos y las bifidobacterias son microbios que en condiciones normales forman parte del intestino humano

Entre los efectos "probados realmente por ensayos clínicos" de estos yogures enriquecidos con bacterias intestinales están:

- aliviar la diarrea, la gastritis y el estreñimiento

- mitigar las alergias a determinados alimentos

- mejorar el estado de salud general tras los tratamientos con antibióticos


Pero nada de esto se cumple si las bacterias mueren – porque el yogur ha estado a más de cinco grados centígrados –, o si existen muy pocas. Es por ello que los científicos del sector piden que se especifique el contenido en bacterias vivas, y que se sea cuidadoso con la fecha de caducidad.

Entre los efectos probados de estos yogures están aliviar la diarrea, gastritis y estreñimiento, mitigar las alergias a algunos alimentos y ayudar a la recuperación del organismo tras un tratamiento antibiótico.

Yogures sin frío

No poseen las propiedades de los yogures porque han sido esterilizados –para conservarlos a temperatura ambiente–, lo que extermina a las bacterias.

Mantienen el valor nutritivo de las leches fermentadas, como el aporte de calcio y otros minerales, azucares y vitaminas no destruidas por el calor.


Alimentos supervitaminados

Los especialistas insisten en que los alimentos enriquecidos con vitaminas no son necesarios, en condiciones normales, si la dieta es buena. En algunos procesos se eliminan vitaminas. Al desnatar la leche, por ejemplo, con la grasa se pierde la vitamina A. Ciertos fabricantes reincorporan.

Actualmente, está comúnmente aceptado que las vitaminas sintéticas cumplen la misma función que las naturales. Los especialistas insisten en que los alimentos enriquecidos con vitaminas no son necesarios, en condiciones normales, si la dieta es buena.


Barritas energéticas y bebidas isotónicas e inteligentes

Las barritas energéticas no tienen otra magia que ser el equivalente moderno de los frutos secos y las galletas que llevan los montañeros.

Las bebidas isotónicas de los deportistas están diseñadas para facilitar la absorción de sales y minerales.

Las bebidas inteligentes, en cambio, son básicamente una bomba de cafeína, de ahí su efecto estimulante. Algunos especialistas en medicina deportiva consideran que estas bebidas deberían haber pasado controles más estrictos, especialmente porque, combinadas con alcohol, pueden tener efectos secundarios peligrosos.


Alimentos transgénicos

Parecen iguales, huelen igual y saben igual. Nada en los alimentos transgénicos hace sospechar al consumidor de que han sido elaborados a partir de organismos cuyo material genético ha sido alterado.

Aunque la lista de alimentos transgénicos incluye tomates, patatas, colza, remolacha, achicoria o tabaco, en España, hasta ahora sólo se permite vender soja y maíz transgénicos. El maíz, además, se cultiva; en la última cosecha se plantaron 20.000 hectáreas en Extremadura y Andalucía. En España sólo está permitido vender soja y maíz transgénicos.

Sin embargo, encontrar en los supermercados españoles qué alimentos llevan transgénicos es difícil, ocultos como están en su larga lista de derivados: grasa vegetal, harina, emulsionante, almidón, espesantes, etcétera. Se utilizan para elaborar desde chocolates hasta margarinas, y a menudo sólo un meticuloso examen de la etiqueta del producto revelará la palabra "modificado" –ni siquiera genéticamente– entre los ingredientes.

La normativa europea obliga a poner en la etiqueta que el producto es transgénico, pero sólo cuando se puede determinar que lo es. Este detalle es importante porque puede haber alimentos no transgénicos que, sin embargo, proceden de organismos modificados.




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