Especialidades Médicas- Alergologia


Cómo distinguir entre alergia a la leche, intolerancia a la lactosa e intolerancia a la leche
4 de enero 2016

Estos tres trastornos suelen confundirse con frecuencia. ¿En qué se diferencian entre sí? 


La alergia a la leche.

La alergia a la leche (o alergia a la proteína de leche de vaca) es una alergia alimentaria mediada por anticuerpos IgE que afecta principalmente a niños menores de 6 años. El sistema inmunitario identifica las proteínas de la leche de vaca como dañinas y actúa provocando una reacción alérgica con diversos síntomas que puede variar en intensidad: picores, hinchazón, vómitos. Cuando una persona alérgica a las proteínas de la leche se ve expuesta a ese alérgeno, el sistema inmunitario “cree” erróneamente que el organismo está siendo invadido por patógenos, produciendo el anticuerpo Inmunoglobulina E (IgE), lo que a su vez desencadena un proceso celular conocido como “desgranulación” que estimula la producción de histamina por parte de los mastocitos o células blancas. La histamina es la respuesta inflamatoria que causa los síntomas de la alergia: fiebre, ojos llorosos, irritación de garganta, mucosidad, etc. 

Esta alergia es provocada a menudo por otras leches de origen animal (leche de cabra, oveja, búfala) debido a que sus proteínas son muy parecidas a las de la leche. Se diagnostica por medio de una analítica de sangre, pruebas cutáneas o dietas diagnóstico (ir probando alimentos para descartar cuáles provocan la reacción y cuáles no).

La intolerancia a la leche de vaca.

La intolerancia a la leche de vaca o a la proteína de la leche de vaca es un tipo de hipersensibilidad alimentaria no mediada por anticuerpos IgE. También afecta principalmente a niños, pero, a diferencia de la alergia a la proteína de leche, los síntomas son principalmente gastrointestinales. Los síntomas tardan más en presentarse (entre 2 y 48 horas después de ingerir leche) lo cual hace que sea más complicada de diagnosticar. La única forma fiable de diagnosticarla es una dieta diagnóstico, pues las pruebas cutáneas y analíticas de sangre no suelen ser eficaces. Las personas con este tipo de intolerancia deben seguir las mismas pautas que los alérgicos: evitar el consumo de leches de origen animal.

La intolerancia a la lactosa.

Se trata de un problema alimentario completamente diferente. Es una dolencia que afecta más a los adultos que a los niños, y es provocada por una deficiencia de la enzima lactasa que nos permite digerir la lactosa. La ingesta de lactosa por parte de personas intolerantes produce dolor abdominal, diarrea y flatulencia. Cuando se produce un déficit de lactasa, la lactosa ingerida, pasa sin fragmentarse hasta el intestino grueso, lugar donde es hidrolizada por la lactasa y beta-galactosidasa bacterianas. A este nivel los monosacáridos no son absorbidos, sino fermentados a ácidos grasos de cadena corta y ácido láctico, produciendo irritación de la mucosa del colon y aumento de la motilidad del mismo. Además, la lactosa no hidrolizada disminuye, por efecto osmótico, la absorción de agua y electrolitos, causando una deposición líquida con emisión de gases.

La dieta de estas personas debe evitar la lactosa: pueden consumir leche y productos lácteos de origen animal, siempre y cuando no tengan lactosa. Alimentos como el yogur o las leches que contienen bifidobacterias mejoran la absorción de lactosa en personas intolerantes a la misma. Esto se debe a que estos microorganismos sintetizan lactasa, la cual hidroliza la lactosa a nivel del intestino delgado.




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