Enfermedades - Deshidratacion


Las olas de calor, mucho más mortíferas que huracanes o tornados
2 de agosto 2012
Aunque huracanes, temporales de frío y nieve o tornados sean mucho más temidos, las olas de calor como la vivida en Europa durante el verano de 2003 pueden ser mucho más mortíferas. Richard Keller, catedrático de historia médica y bioética en la Universidad de Wisconsin, EE.UU, está escribiendo una historia de los efectos en París de la gran ola de calor de agosto de 2003

La mayor catástrofe natural de la historia de Francia
En el transcurso de tres semanas de agosto, Europa soportó las temperaturas más cálidas de los últimos 500 años. Desde 1540, no se habían registrado temperaturas tan altas en el centro y noroeste del continente. Francia fue uno de los países más afectados por la ola de calor: durante siete días, las temperaturas diurnas superaron los 39º C en la mayor parte del país. 

En los países del sur de Europa, las cifras de fallecimientos no fueron muy superiores a las habituales por causa del calor, pero en países como Francia o Gran Bretaña, donde los veranos no suelen ser excesivamente cálidos, fallecieron miles de personas: unas 70.000 en todo el continente, según algunas estimaciones. Los huracanes o los tornados causan muchos menos fallecimientos. El huracán Katrina, que devastó Nueva Orleans en agosto de 2005, se cobró poco más de 1.800 vidas; las cifras de muertes causadas por la temporada de tornados de 2011 en los EE.UU. fue de 483.

La ola de calor de 2003 fue la mayor catástrofe natural de la historia contemporánea de Francia en lo que a mortalidad se refiere. Según cifras oficiales, la ola de calor mató a 14.800 franceses. La primera señal de alarma de la catástrofe que estaba teniendo lugar la dieron los sepultureros, que se veían desbordados por la gran cantidad de cadáveres que se acumulaban en las morgues. La cantidad acumulada fue tan grande que los cuerpos tuvieron que ser almacenados en una cámara frigorífica en las afueras de la ciudad.

Catástrofe Social
Además de las altas temperaturas, se dieron una serie de circunstancias sociales que contribuyeron a aumentar la mortalidad: la edad de las víctimas (la gran mayoría ancianos), su estatus social y el lugar de residencia. En París, muchas de las víctimas fueron mujeres ancianas que vivían solas, en general en las plantas superiores de bloques de pisos baratos y mal ventilados. Según Keller, “La gente que vivía en esos apartamentos moría como moscas”. Se trató por tanto de un desastre social además de un desastre sanitario: factores sociales como la soledad o la pobreza hacían mucho más vulnerables a unas personas que a otras.

La edad también contribuía: los más viejos no suelen notar los efectos de la deshidratación; no tienen sensación de “pasar sed” por lo que muchos de ellos no beben ni se hidratan lo suficiente. Además, muchas de las medicaciones que toman pueden exacerbar los efectos del calor extremo, aumentando la deshidratación. Pero el mayor factor de riesgo, según Keller, era vivir solo, sin tener cerca a nadie a quien recurrir. En Europa, cada vez más personas ancianas viven solas.

Por tanto, concluye Keller, tenemos que ser conscientes que el calor mata a mucha más gente que el frío. Al igual que ocurre con las olas de frío, las personas que corren un mayor riesgo de morir son las que pertenecen a los estratos sociales más bajos.

Prevenir los efectos del calor
Para prevenir los efectos de las olas de calor, las autoridades sanitarias recomiendan beber mucho líquido, protegerse del sol, ventilar adecuadamente casas y lugares de trabajo, y cuidar que las personas más vulnerables (niños y ancianos mayores de 75 años) estén adecuadamente hidratadas y protegidas. También se recomienda evitar realizar ejercicio o trabajar al aire libre en las horas de más calor.

Fuente:   Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU)


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