Artículos de Medicina 21


Autoexamen de los lunares
Autor: Dr. Salvador Giménez - Revisado: 24 de mayo 2018
El autoexamen regular de nuestros lunares ayudará a la detección precoz de un melanoma.


Desde Medicina 21 queremos recordar una vez más la importancia de examinar regularmente los lunares (nevus) que aparecen en la piel, ya sean nuevos o si se produce alguna alteración de los existentes. Conseguimos así la detección temprana de un cáncer cutáneo (melanoma o epitelioma), que  permite un tratamiento precoz y efectivo sobre el mismo, consistente en la cirugía precoz bajo anestesia local.

Epitelioma y melanoma

Son dos tipos de cáncer de piel que pueden diferenciarse muy claramente: 
. el epitelioma es un tumor que se produce por la multiplicación anormal de los queratinocitos (células formadoras de la epidermis); y
. el melanoma se origina a partir de los melanocitos (células responsables del color y tonalidad de la piel).

Pueden distinguirse con el autoexamen porque su localización y aspecto es distinta:
. el epitelioma se localiza básicamente en la cara y aparece en forma de costras, de lesiones que no se curan o de verrugas;
. el melanoma se desarrolla en todo el cuerpo y se manifiesta con el cambio de aspecto de lunares o pecas ya existentes (regla del ABCD, que veremos más adelante).

Por otro lado el epitelioma es típico de la edad adulta, a partir de los 50 años, en personas que se han expuesto al sol de forma prolongada a lo largo de su vida como por ejemplo  marineros y agricultores. El melanoma en cambio aparece en cualquier etapa de la vida y se debe a una exposición solar aguda en la edad infantil.

Por último diremos que un epitelioma presenta menor gravedad que un melanoma porque no hay riesgo de metástasis, en cambio el melanoma puede extenderse por todo el organismo sino es detectado a tiempo.

Detección de un melanoma
Comprende en primer lugar el autoexamen de nuestro cuerpo detectando los lunares que tenemos en las diversas regiones del cuerpo y después el examen riguroso de cada uno los que parecen sospechosos de algún cambio de forma, tamaño y color.

En primer lugar: examinaremos minuciosamente y con regularidad, nuestro cuerpo delante de un espejo, con los brazos en alto, de frente, de lado y de espalda. Después observaremos las extremidades superiores directamente, los brazos, los antebrazos, las manos, las palmas de la mano. También las extremidades inferiores, las piernas por delante y detrás, los pies, los espacios interdigitales y la planta del pie. Con la ayuda de un espejo examinaremos nalgas y parte inferior de la espalda. Con espejo de mano también observaremos nuca y cuero cabelludo.

En segundo lugar: una vez localizados los lunares o nevus que todos tenemos presentes en la piel, buscaremos signos que nos puedan hacer sospechar de la existencia de un melanoma. Para ello seguiremos la regla del ABCD: esta sencilla regla diferencia un melanoma de un lunar nevus benigno por su:
. asimetría (A),
. borde (B),
. color (C) y
. diámetro (D).

regla ABCD melanoma

Regla ABCD para la detección de melanomas. A la izquierda: melanomas. A la derecha: lunares que no presentan características sospechosas. Fuente: National Cancer Institute (EE. UU).

Los melanomas presentan una asimetría característica, borde irregular, color heterogéneo y un diámetro superior a los 6mm.
Los lunares benignos son redondos y simétricos, con borde regular, color homogéneo (marrón oscuro o claro) y un diámetro inferior a 6mm.

Cualquier alteración que nos haga sospechar de la aparición de melanoma nos obliga a consultar a un dermatólogo.

En tercer lugar: en caso de presentarse lunares de aspecto dudoso se hacen imprescindibles las visitas regulares al especialista de la piel, encargado de examinar minuciosamente cada uno de ellos de forma periódica.

Factores favorecedores de melanoma
Existe un mayor riesgo de presentar melanoma en función del fototipo, del tipo de piel, de las condiciones a las que se ha expuesto la piel al sol durante la infancia y de los antecedentes familiares.

Cada persona presenta un fototipo distinto en función el color de la piel y del cabello, de su tendencia para quemarse y de su capacidad para broncearse. Las personas que se corresponden con un fototipo I (tez blanquinosa, cabello pelirrojo, tendencia constante a la quemadura e incapacidad para broncearse) y con fototipo II (tez clara, cabello rubio, tendencia constante a la quemadura solar y ligera capacidad para broncearse), son las más predispuestas a presentar melanoma. Por otro lado aquellas personas con muchas pecas y lunares también tienen más riesgo de presentar este tipo de tumor.

Diferentes estudios han demostrado que las quemaduras solares que se producen en los primeros 18 años de vida son cruciales en la aparición de melanoma en los adultos. En la mayoría de casos la distribución que presenta este tipo de tumor cutáneo coincide con las zonas donde se produjeron estas quemaduras solares severas u ampollas durante la infancia. Se demuestra así, dado que antes de los 18 años de edad se recibe entre el 50 y el 80% de la radiación solar que se recibe a lo largo de la vida, la importancia de la fotoprotección solar en la infancia.



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