Actualidad Médica


El virus SARS-CoV-2 parece generar una respuesta inmune larga y duradera
14 de septiembre 2020
Dos artículos científicos de reciente publicación presentan noticias esperanzadoras acerca del coronavirus.

En el primero, obra de un equipo de genetistas islandeses y publicado en New England Journal of Medicine, se reportan niveles elevados de anticuerpos en un grupo de 1 200 islandeses que habían pasado la COVID-19. Más de un 90% por ciento dio positivo por anticuerpos: justo después de haber pasado la infección, y cuatro meses más tarde. Las personas que habían experimentado síntomas más graves, incluidos los que habían necesitado hospitalización, presentaban niveles más elevados de anticuerpos. Los hombres y las personas de edad más avanzada, los dos grupos de riesgo, también presentaban niveles más elevados.

Estos cuatro meses de persistencia de los anticuerpos constituye una buena noticia para la lucha contra la COVID-19. Los anticuerpos que duran más tienen más probabilidades de proporcionar inmunidad. Eso significa que una vacuna que provoque la producción de anticuerpos es más posible que proporcione protección a largo plazo.

En el segundo estudio, un equipo de inmunólogos del Consejo de Investigación Médica (MRC, Medical Research Council) de Gran Bretaña trató de buscar células del sistema inmunitario, las denominadas células T. El estudio, publicado en Nature Immunology, comparó muestras de sangre de 28 casos leves y 14 casos graves de COVID-19, así como 16 individuos sanos. Los investigadores identificaron una “vigorosa” respuesta de las células T en los pacientes infectados. Al igual que ocurre con el estudio islandés, se detectaron respuestas diferentes entre los casos leves y los casos graves.

Más concretamente, los casos leves se caracterizaban por una mayor presencia de células CD8+, que matan de forma directa a las células infectadas por el virus, en lugar de células CD4+, que regulan de forma más genérica la respuesta del sistema inmunitario. El estudio del MRC vio que las células T podían reconocer ocho partes diferentes del virus. Entre estas partes se incluía la proteína que le permite penetrar en las células humanas.



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