Actualidad Médica


Diversos estudios asocian contaminación del aire y autismo
29 de junio 2017
Según datos de la OMS, aproximadamente uno de cada 160 niños padece de algún tipo de Trastorno del Espectro Autista (TEA) en todo el mundo. Esta cifra parece indicar un aumento de casos durante los últimos 50 años, en especial en Norteamérica y en Europa, donde la incidencia es superior a un caso por cada cien nacimientos.

Evidencias “cada vez más sólidas”
El estudio Autism-Europe aisbl 2015 da una prevalencia del autismo en Europa de 1 caso por cada 100 nacimientos, mientras que según un estudio de 2012 del CDC (Centro para Control de Enfermedades), la prevalencia en EE. UU es de 1 por cada 88. Es más frecuente en hombres que en mujeres (en una proporción de cuatro a uno) y no se detectan diferencias de clases sociales o culturales. No está claro si hay una causa directa, o si podría deberse simplemente a un afinamiento del diagnóstico (es decir, se diagnostica TEA en casos que antes pasaban desapercibidos), a una mayor concienciación de padres y profesores, o a mejores herramientas diagnósticas y a la ampliación de los criterios diagnósticos. No obstante, el percibido aumento de casos de autismo ha dado pábulo a teorías conspirativas sin base científica alguna que relacionan este problema con las vacunas, haciendo del movimiento antivacunas un problema de salud pública cada vez más grave.

En todo caso, son varias las causas que están siendo analizadas para explicar el aumento de casos de autismo, una de las cuales es la contaminación atmosférica. Numerosos estudios sugieren que las mujeres embarazadas expuestas a elevados niveles de contaminación atmosférica tienen un mayor riesgo de que su hijo padezca autismo. Dichos estudios apenas han comenzado a elucidar de qué forma la polución hace que los fetos sean vulnerables a este trastorno, incluso cuando todavía están en el útero: algunos sugieren que la polución activa factores de predisposición genética en ciertos fetos, mientras que otros sospechan que la polución provoca una respuesta del sistema inmunitario de las embarazadas que provoca problemas en el desarrollo cerebral.

La relación entre contaminación y autismo “es cada vez más sólida” afirma el Dr. Weisskopf, de la escuela de salud pública de Harvard. Poder aportar pruebas científicas de la relación entre contaminación y autismo es crucial, pues abriría el camino hacia nuevos métodos de diagnóstico e intervención temprana. También permitiría impulsar políticas medioambientales más estrictas que regulen o prohíban la emisión de los compuestos químicos que es más probable que estén asociados al autismo. No obstante, las conclusiones de los estudios realizados hasta la fecha no son definitivas. Para confirmar la relación entre polución y autismo, los científicos necesitan hacer más estudios y con más madres. Dado que la polución suele existir en zonas de alta pobreza, otros factores, tales como nutrición inadecuada, también podrían jugar un papel en el desarrollo de la enfermedad: tal vez la contaminación del aire no sea sino un factor más de un amplio conjunto de causas.

Algunos estudios han demostrado niveles de autismo más elevados en niños cuyas madres vivían en zonas altamente contaminadas mientras estaban embarazadas, pero sólo en áreas geográficas limitadas. Otros estudios han incluso precisado cuando un feto es más vulnerable a los efectos perjudiciales de la contaminación: el tercer trimestre de gestación. Un estudio publicado por la revista Epidemiology descubrió porcentajes de autismo más elevados en niños cuyas madres inhalaron altos niveles de contaminantes durante este período que en aquellos cuyas madres se vieron expuestas a la contaminación antes o después del tercer trimestre. Esto coincidiría con los resultados de estudios anteriores que demuestran que el sistema nervioso del feto experimenta grandes cambios durante los tres últimos meses del embarazo, con lo que cualquier problema o alteración durante este período crítico puede tener efectos de por vida sobre la salud del bebé.

¿Posibles medidas?
Un estudio de la Universidad del Sur de California sugiere que las variantes de ciertos genes hacen que algunos niños sean más susceptibles al autismo, y la polución interactúa con dichos genes, provocando el trastorno. Los autores del estudio identificaron un gen denominado MET, que cumple un papel importante en el desarrollo del cerebro; experimentos con ratones de laboratorio demostraron que los crías de ratón modificados genéticamente con una variante de MET experimentaban un desarrollo alterado del cerebro tras ser expuestos durante la gestación a un compuesto químico procedente de los tubos de escape de los motores. Los estudios con niños que vivían en zonas contaminadas y tenían la variante genética de alto riesgo demostraron un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Otros investigadores achacan el riesgo a la inflamación: la contaminación inhalada por las madres provoca inflamación, alterando los niveles de moléculas inmunitarias en el torrente sanguíneo y en la placenta de las madres. Estas moléculas, aparte de combatir las infecciones, activan vías cruciales para el desarrollo del sistema nervioso, el cual podría quedar dañado si estas moléculas no están presentes en la cantidad justa. Existen diversos indicios que apuntan a la relación entre inflamación y autismo: las mujeres que padecen la gripe durante el embarazo tienen doble riesgo de dar a luz a un niño autista, y los niños con autismo padecen con frecuencia de infecciones de oído. Asimismo, el estudio de la Universidad del Sur de California demostró que la inhalación de compuestos contaminantes no sólo provocaba inflamación en ratones, sino que también limitaba la capacidad de maduración de sus neuronas. Una vez que se consiga identificar las moléculas involucradas en estas vías inmunitarias, se podrá desarrollar tratamientos para mitigar los síntomas del autismo, o emplearlas como marcadores para el diagnóstico de la enfermedad.

No obstante, mientras los científicos continúan investigando la relación entre contaminación y autismo, la forma más efectiva de preservar la salud de la población en general, y no sólo la de las mujeres embarazadas y los fetos, es reducir o eliminar la contaminación en las zonas urbanas, dado que la relación entre autismo y polución del aire no es sino uno de los muchos y graves problemas de salud asociados a la contaminación del aire: problemas cardiovasculares, respiratorios, u oncológicos, entre otros.



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