Artículos de Medicina 21


La Prótesis de Rodilla
Autor: Dr. Salvador Giménez - Revisado: 13 de febrero 2017

La cirugía de la prótesis de rodilla, o artroplastia de rodilla, consiste en la sustitución de la articulación enferma, reemplazándola por una articulación artificial, que se denomina prótesis. El objetivo de esta intervención, realizada por el cirujano ortopédico, es el alivio del dolor y la mejoría de la movilidad de la rodilla enferma.


Las prótesis de rodilla están fabricadas con distintos materiales: metales, cerámica y un plástico llamado polietileno. Estos materiales se fijan a los huesos del paciente (fémur, tibia y, a veces la rótula) con o sin cemento, dependiendo de las características del paciente y de la articulación afectada. También pueden sustituirse otras articulaciones enfermas, como la cadera, el hombro, el tobillo o los dedos, cada una con unas prótesis específicamente diseñadas y unas intervenciones quirúrgicas especialmente realizadas para cada articulación.

A los pacientes de más edad con menor actividad y a los pacientes con huesos más débiles se les suelen colocar una prótesis con cemento, para fijar el metal al hueso directamente. En los paciente más jóvenes y más activos, con huesos de buena calidad se suelen poner prótesis sin cemento, para que sea el propio hueso en crecimiento el que se fije al metal de la prótesis.

La vida media de la prótesis es de unos 10 a 15 años, de manera que en los pacientes más jóvenes puede ser necesario sustituir la prótesis en más de una ocasión a lo largo de su vida.

La artritis, la artrosis y los traumatismos son las principales causas de necesidad de colocar una prótesis de rodilla.  
En España se colocan unas 60.000 prótesis de rodilla al año.
La mayoría de procedimientos quirúrgicos se realizan en pacientes de más de 60 años.

En ocasiones, antes de la cirugía, puede ser necesario realizar una exploración radiológica de imágenes, como la resonancia magnética, o incluso una artroscopia de la rodilla para ver directamente la calidad del tejido articular.

Asimismo, antes de plantearse la colocación de la prótesis, pueden realizarse otros tratamientos médicos: ejercicio, rehabilitación y fisioterapia, medicamentos, suplementos, inyecciones intraarticulares de ácido hialurónico, etc., dependiendo de cada caso particular. Si el paciente tiene sobrepeso u obesidad, siempre es recomendable perder unos kilos (solamente perdiendo un 5% del peso corporal actual, ya es beneficioso).

Con frecuencia, la prótesis de rodilla es la última solución
para una articulación que produce dolor constante
y que limita los movimientos habituales,
como caminar, subir y bajar escaleras,
sentarse y levantarse de una silla o entrar y salir de la bañera.
 

La cirugía

Toda cirugía tiene riesgos. Son menores cuanto mejor sea la salud del paciente y de sus huesos, y cuanta mayor sea la experiencia del cirujano ortopédico y del equipo quirúrgico.

La cirugía de la prótesis de rodilla se realiza bajo anestesia. La anestesia puede ser regional, es decir solamente de una parte del cuerpo, o general, es decir que el paciente se encuentra dormido durante todo el procedimiento.

Aunque cada intervención es diferente, la de prótesis de rodilla suele durar unas dos horas o menos, excepto si hay complicaciones. Tras la cirugía, el paciente permanece en la sala de recuperación unas dos horas más hasta que está totalmente despierto.

La estancia en el hospital suele ser corta, de unos pocos días, no más de tres o cuatro, si no hay complicaciones. En ocasiones, la convalecencia es más prolongada y suele realizarse en centros sociosanitarios especializados, antes de volver a casa.

Normalmente, se hace levantar y caminar al paciente ya el mismo día de la cirugía, al principio con muletas o un caminador. Y la fisioterapia suele iniciarse al día siguiente de la intervención para ayudar a fortalecer los músculos de alrededor de la articulación y mejorar el movimiento de la articulación.

En general, el postoperatorio y la evolución de la intervención en bueno en la mayoría de pacientes. Pero puede haber complicaciones, si bien, la mayoría tienen tratamiento. Por ejemplo:

- Infecciones. Pueden tratarse con antibióticos

- Coágulos sanguíneos. Suelen prevenirse con inyecciones de heparina

- Luxación o aflojamiento de la prótesis. A veces requieren una nueva intervención quirúrgica.

- Lesión de nervios o vasos sanguíneos. Suelen mejorar con el tiempo y acabar desapareciendo las molestias.

 

Pronóstico después de la cirugía

Lo más importante es que con la fisioterapia y la rehabilitación y el ejercicio,
los músculos se fortalecerán, el dolor disminuirá, mejorará la flexibilidad
y aumentará el movimiento de la articulación protésica.
Todo ello redunda en una mayor calidad de vida.


En general, entre tres y seis semanas después de la cirugía ya se pueden realizar las actividades básicas de la vida diaria con normalidad.

Los pacientes más jóvenes pueden volver a conducir a las tres o cuatro semanas de la intervención, si su articulación a recuperado la suficiente flexibilidad y sus músculos la suficiente fuerza.

A los pocos meses (entre cuatro y un año) ya se puede disfrutar normalmente de actividades deportivas de bajo impacto: caminar, nadar, ir en bicicleta o jugar al golf.

Suele ser necesario evitar las actividades con mayor impacto, como correr, saltar, esquiar, jugar al tenis o los deportes de contacto.



Más información:

National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases (NIAMS)

Mayo Foundation for Medical Education and Research

Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT)




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